Y ellos no están solos en este emprendimiento, cuentan con el apoyo de Enrique Niquin, investigador autodidacta y apasionado promotor del museo de los Colli. Visitar al Sr. Niquin es toda una experiencia de escucha, pues cada uno de sus relatos trae a nuestro imaginario el mundo ancestral de los colli. Pues con ese mundo, poco investigado, el de los Colli es que propusimos el trabajo del Pinta Pista.
Unos 30 niños de 6to grado y sus hermanitos, sus profesores y algunas madres de familia desarrollaron un taller de lectura visual para explorar nuestro imaginario y así identificar distintas iconografías e ir generando un concepto de lo que es iconografía para crear las propias. EL símbolo elegido fue el espiral cuadrado de los Colli, según el Sr. Niquin un símbolo de poder.
Y a pintar….
Pero antes nos organizamos en grupos, unos prepararon las pinturas y combinaron los colores, otros sirvieron la comida para el compartir con todos los alimentos que cada uno llevó, otros niños diseñaron el boceto del pinta pistas y otros barrieron y prepararon la pista. Después de comer nos fuimos a pintar. Decidimos que el espiral cuadrado estaría al centro de la pintura y que pintaríamos a los Colli de antes y a los Colli modernos, representados por ellos mismos, así que los niños se tiraron al suelo y fueron los modelos de sus propias creaciones. Fue una tarde de pintura, convocamos a los vecinos que salieron a poner tocos y piedras para que no pasen ni carros ni motos que puedan malograr la pintura. Y cuando terminamos, todos nos quedamos convencidos de que el ambiente había cambiado, de que ahora existe un lugar en nuestro territorio donde está grabada nuestra identidad, y qué mejor lugar que a la entrada de la escuela y a las faldas de una huaca.